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  • Litos Ink Seeds

LET'S PLAY

P.D: ¡Claro que estamos iluminados! Me gusta esa carta. ¿Y si lo único que nos impide verlo es enredarnos en divagaciones que sustentamos en conceptos existenciales arcaicos y controvertidas moralinas? ¿Esas intuiciones a las que llamamos enfermedades también las podemos llamar síntomas? La vida no se trata de nada.. La vida es lo que pasa mientras mueres.. Y mientras mueres y naces sólo creces, y con buena, o mala suerte te reproduces.. O no.

R: Lograr vencer esos pensamientos obsesivos que nos dicen «haz esto» Challengue acepted. ¿La verdad se puede llevar dichosamente en campo llano también, no? Esa Blavatski era un poco ceniza.. (Dentro música de violín triste y voz en off con reverb) Cuando yo quise dejar de comer magdalenas (cosa que hace unos años hacía de manera compusliva, mojándolas en agua) Utilicé una técnica que descubrí sobre la marcha, que consiste en dejar de luchar.. Y rendirse.. Después de un atracón de magdalenas me sentía muy mal.. Pero focalicé mi conciencia en dejar de sentirme mal después del atracón de magdalenas... Y empecé a focalizarme en sentirme mal durante el atracón de magdalenas.. Luego fui convirtiendo ese `sentirme mal´ en comprender porqué me sentía mal.. Comprendí que me costaba dejar de comer magdalenas porque había convertido eso en una lucha contra mi mismo.. Yo sabía que las magdalenas eran malas, que no eran beneficiosas para mi organismo, y que las consumía de manera compulsiva.. Sabía que sólo eran un refugio para distraerme de todo aquello a lo que no quería enfrentarme.. Así que cambié mi forma de comer magdalenas... Evité tomarlas a toda costa, mientras hacía mi vida con normalidad.. Llegué a un punto de superación en el que cuando aparecían unas irremediables ganas de tomar magdalenas, y esa voz me decía "Toma magdalenas", ya no luchaba contra esa voz.. Ya no la consideraba una orden que pudiera hacerme sentir mal... Dejó de ser algo contra lo que luchar.. Empecé a hacer caso a esa voz de una manera diferente... Dejé de luchar, y me rendí a la voz.. Y comí magdalenas.. Comí magdalenas sintiéndolo como una oportunidad para descubrir todo aquello que no podía ver por estar cegado por comer magdalenas.. Para entonces, mientras comía magdalenas lo hacía de una forma mucho menos compulsiva, mucho más profunda, mucho más reflexiva... Porque comer magdalenas dejó de ser algo que me destruía para ser algo que me construía.. Convertí mi compulsión de comer magdalenas como una manera de evitarme a mi mismo en una forma de acercarme a mi mismo. Y todo sucedió por dejar de reprimir mis deseos de comer magdalenas. Todo sucedió por darles rienda suelta, y dejar que esos deseos se expresaran de una forma libre. Las magdalenas me hablaban, me explicaban mis traumas, mis miedos, mis inseguridades, mis juicios, mis anhelos, mis fallos.. Cada vez necesitaba menos magdalenas, y cada vez me conocía y me aceptaba mejor sin ellas.. Con el tiempo, las magdalenas me sanaron.. Hasta que llegó el día en el que esa voz apareció debilmente, "comete una magdalena", me dijo.. "No lucharé contra esta voz" Me dije yo... Y fue que, al mojar esa magdalena en un vaso de agua y probar bocado.. En lugar de calmar mi ansiedad me provocó repulsa, me causó rechazo.. Inclusó mi ser se estremeció cuando quiso castigarse por haberse sometido a tantos kilos de magdalenas durante años.. ¿Cómo había podido dañar así el templo que es mi cuerpo? ¿Cómo había osado enturbiar y oscurecer de esa manera la luz de mi espíritu? Así comprendí el sentido de esa parte de mi que siempre me dijo que no comiera magdalenas.. Esa pequeña parte de mi que siempre se opuso sin poder imponerse.. Y sentí el asco que me producían las magdalenas, y esa voz me dijo: "ya no necesitas más magdalenas. Ya no te gustan, ya no las necesitas. Sé consecuente. Ahora no hay nada ni nadie te impida ser consecuente". Así fue como aprendí que para vencer en la lucha contra esa voz que te dice "haz esto", lo mejor es aceptar su invitación y comprender porqué hay una parte de ti que se niega a hacerlo.. Hasta que toda la parte de ti que te incita a hacerlo le acabe dando la razón y se convenza. Las magdalenas me enseñaron a resolver la paradoja de que muchas veces para vencer hay que rendirse..

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