¿Qué está pasando en el mundo?

¿Qué está pasando en USA?

¿Qué está pasando en España?

Soy un jóven muyayo de 30 años. Durante toda mi adolescencia me moví por fiestas izquierdosas de contracultura, si se quiere decir así. Realmente nunca lo hice afiliado a ninguna ideología en particular.
Únicamente creo en el concepto que ha venido a ser llamado como Free Party. Nunca me gustó pagar dinero por entrar a una discoteca a apelotonarme entre capullos y bailar una música de mierda mientras me cobran por una copa lo mismo que cuesta una botella en el súpermercado de al lado. De modo que mi ocio transcurrió entre parques, calles, festivales, raves y casas okupa.
Buen ambiente para el esparcimiento a bajo coste hasta que sale el Sol y más allá. No puede haber nada mejor.

Cuando malasaña se llenó de policías disparando indiscriminadamente pelotas de goma yo estuve allí. Y comprendo perfectamente que quisieran barrernos de las calles como a la puta basura.
Porque cuando malasaña se volvía loca unas semanas antes, y la gente decidió gritar y quemar contenedores cuyas llamas alcanzaban un segundo piso también estuve allí.
Y vi como TODO el mundo, excepto mi colega Aros y yo se volvía loco. Realmente vi como todo el mundo enloqueció excepto nosotros dos, que nos mirábamos atónitos entre ordas de salvajes berreando y pateando todo cuanto encontraban.
Aquello nunca me pareció algo natural y fortuito. Y hay que decir que esa noche se escuchaban extrañísimos pitidos agudos. De modo que siempre pensaré que aquella noche la gente fue atacada con algún tipo de arma sónica, que quizás no nos afectó porque entre todos esos jóvenes hiper-alcoholizados y encocados, nosotros tan sólo habíamos fumado algo de marihuana y hachís.
Quiero recalcar que aquello no pareció un suceso fortuito ni natural. Nunca antes la gente se había comportado como auténticas bestias, y no había motivo alguno para que en cuestión de minutos sucedieran todos esos disturbios contra el mobiliario urbano, los coches, y todo cuanto se encontraba cerca.
El ambiente que había reinado allí siempre había sido pacífico, cierto que muy ruidoso por las conversaciones del gran tumulto que inundaba las calles. Y si, cierto que si acaso sucedió algún que otro altercado anecdótico y aislado, y que de vez en cuando se daba algún grito circunstancial elevado de algún borracho exaltado, a veces interpelando a otro algo menos borracho, a veces despidiéndose desde la lejanía de algún otro. Y otras tantas veces se oían cánticos al unísono junto a organizadas odas al alcohol.
Pero nunca una auténtica turba completamente fuera de si. No había ninguna razón para ello, ni para que sucediera de un momento a otro.


Muchos de esos jóvenes adoctrinados en ideología marxista